
El ministerio del evangelio es hecho por el pueblo de Dios. Es el más noble de todos los llamamientos.
La intención de Dios es que se muy personal. Él podía haber llamado a los ángeles, pero en ves de eso llamó a hombres y mujeres.
Es lógico que en una obra tan trascendental como la del ministerio cristiano tenga elevadas demandas respecto a quienes en el se ocupan.
Solo quienes reúnen los requisitos necesarios pueden esperar que su labor no sea un fracaso sino una bendición al país que va.
Destaquemos algunas condiciones indispensables para un autentico misionero.
1. Llamado específico
Hay un llamado específico para un servicio específico. Este es el llamado que reciben los que van como misioneros a otros países.
Son llamados en un sentido especial para un ministerio especial a desarrollar en una “cultura, idioma, y comidas diferentes a la suya”
El ministro del evangelio llamado a una obra, recibe un llamado y responsabilidades específicas.
1.1. El misionero es:
1.1.1. Un hombre de Dios. (1ª Timoteo 6.11) Este título indica que el ministro es el representante de Dios en una manera especial.
Implica que él esta lleno de Dios, y es enviado por Dios a hacer una obra especial de Dios.
1.1.2. Un mensajero. (Malaquías 2:7) El deber del mensajero es llevar el mensaje de Dios a los hombres.
Ha de ser un testigo de las cosas que ha visto o que ha oído de Dios.
1.1.3. Obispo o Dirigente. (1ª Timoteo 3:1-2) Tiene una gran responsabilidad del área específica sobre la que Dios le ha asignado y las personas que trabajan con él.
De la enseñanza bíblica se desprende que la vocación al ministerio nada tiene que ver con una inclinación meramente humana.
1.2. La voz interior
El llamado se manifiesta en un deseo fuerte, incoercible y continuado de hacer del ministerio “la ocupación suprema de la vida”
El servicio a Dios y a los hombres se convierte en un objetivo poderosamente atractivo y el ministro se siente como “seducido” por el.
Sea cual fuere el precio que el llamamiento exija, se acepta de buen grado, los valores del ministerio superan a todo lo terrenal.
1.3. Análisis de los móviles
Pero, como importante es la voz de Dios. Conviene someter esa convicción a otras pruebas.
Junto a las aspiraciones más sublimes puede haber otras de menor altura, aunque a veces nos seamos conscientes de ellas.
Algunos han visto en el misionero una posición de “prestigio”, “dominio” o de “propia exaltación”
Poco han entendido de la “abnegación” de las “renuncias” de las experiencias humillantes que el misionero recibe a veces.
Hay quienes buscan en el campo misionero un “trono” cuando solamente puede encontrarse una “cruz”
Las personas que se creen llamadas por Dios al campo misionero deben observar con la mayor objetividad los motivos que le impelen al campo misionero.
¿Es realmente el amor de Dios y a los perdidos lo que le impulsa?, ¿es Su obra, con todos sus problemas y dificultades lo que le atrae? (2ª Corintios 2:15)
2. Actitudes Personales
2.1. Carácter cristiano.
Donde quiera que este el misionero, está en el proceso de formación de su carácter.
El carácter de una persona, bien puede determinar el valor de su servicio para Dios.
Una persona no tiene valor alguno para Dios si carece de “la imagen de Cristo en su vida”
Pero, el que es como Cristo en su carácter, es rico en sí mismo y útil para Dios y la nación donde esta.
El carácter es la medida del poder espiritual de un ministro.
2.2. Cualidades del Misionero
2.2.1. Fe:
Esta Fe demuestra una completa confianza en Dios que no es afectada por las circunstancias.
Es una actitud de reposo completo en Dios y en las grandes promesas del evangelio.
La Fe nos hará entender que no estamos en el campo misionero porque no envió una iglesia, sino porque “nos llamo y envió Dios”
2.2.2. Dominio propio:
Dominio propio significa “el dominio de nuestro ser bajo toda circunstancia”
Los que quieran trabajar en el ministerio, mayormente el misionero, no pueden ser esclavos de sus bajas pasiones. No hay lugar para la “codicia, vagabundería, frivolidades” y otras pasiones.
2.2.3. Paciencia:
Paciencia o perseverancia significa “descansar con una tranquila seguridad en Dios” cuando las circunstancias nos desalientan.
La paciencia nos guía a mantenernos en nuestro trabajo por la salvación del hombre cuando todo parece inútil.
La paciencia es una de las cualidades más necesarias del carácter del misionero.
2.2.4. Humildad:
La esfera del ministerio es propicia a desarrollar ambiciones de grandeza.
Un corazón humilde no tiene nada de que enorgullecerse, le da a Dios el crédito por todo lo que tiene o hace.
La humildad del misionero, tanto como la espiritualidad, deben ser cualidades crecientes. (1ª Corintios 15:9, Efesios 3:8, 1ª Timoteo 1:15)
La humildad se traduce en abnegación, sujeción, servicio y compasión.
2.2.5. Visión:
Los que han tenido un ministerio más fructífero en el campo misionero son los que han tenido una visión más amplia que los demás.
Hombres de Fe, pues Fe es visión, como Moisés que se mantuvo “como viendo al invisible”, como Elías que vio las huestes invisibles del cielo.
El hombre de Dios siempre mira adelante para ver los resultados positivos aunque al momento no tenga nada en sus manos.
Los grandes misioneros y pioneros eran sin excepción hombres de visión, Guillermo Carey veía todo el mundo sobre un mapa mientras sus compañeros solo se preocupaban por sus pequeñas capillas.
2.2.6. Ejemplo:
Siendo ejemplos de la grey 1ª Pedro 5.3
Todo ministro del evangelio debiera poder decir como el Apóstol Pablo “Sed imitadores de mi como yo de Cristo”, “Lo que aprendisteis, oísteis y visteis de mi, esto haced” (1ª corintios 11.1, Filipenses 4:9)
Un acto ejemplar habla con mayor eficacia que diez sermones elocuentes
Una parte de los que predicamos no llega a afectar a nuestros oyentes, pero si una vida “transparentemente cristiana”
Por algo el autor de la carta a los Hebreos antes de instar a que imitemos la Fe de los dirigentes cristianos, les pide que “examinemos el resultado de su conducta” (Hebreos 13:7)
Este requisito nos habla de un modo positivo de comportamiento más de los defectos que debemos evitar, nos hace pensar en las virtudes que debemos practicar.
2.2.7. Crecimiento constante:
Tanto en los espiritual como en lo intelectual.
Un misionero no puede ser efectivo si no conoce ni sabe utilizar la Palabra de Dios para su propia nutrición y sustento espiritual.
Habrá tiempos en que solo la Palabra de Dios lo podrá sostener en la obra.
Por su puesto, a menos que este capacitado para utilizar las escrituras para enseñar a otros, no podrá ser de bendición en el país donde se le envíe.
Es por medio de la Palabra de Dios que el misionero se capacita, antes de ser enviado y durante su trabajo en el campo misionero.
Debe tener habilidad para mostrar las bases de la doctrina cristiana, con sus correspondientes métodos de investigación bíblica.
Conviene también poner en relieve la utilidad de un buen bagaje cultural.
Ahora que se le da tanta importancia a la educación, un misionero debe tener un alto grado de cultura.
Debe prestar particular atención a los acontecimientos contemporáneos y a las corrientes de pensamiento secular y religioso de sus días.
Debe ser un asiduo lector de libros sobre misiones, de otras culturas, historia universal y todo lo relacionado a su trabajo.
El misionero no debe olvidar que es un “aprendiz” y que no lo sabe todo.
3. Discipulado con visión
3.1. Un discípulo
Para ser un discipulador se debe ser primero un discípulo. Un discípulo es uno que sigue a Cristo.
Aprende de cristo y o acepta como maestro. La Palabra de Cristo para el es una autoridad.
El ser un discípulo no es cosa fácil. Jesús no lo hizo fácil cuando les pidió a los hombres que fueran sus discípulos.
¿Cuáles son las condiciones del discipulado?
3.1.1. Un discípulo se niega a sí mismo
3.1.2. Un discípulo se aleja de los caminos y placeres pecaminosos
3.1.3. Un discípulo controla sus propios deseos y permite que Cristo los controle
3.1.4. Un discípulo debe estar dispuesto a “portar una cruz”
Un hombre que quiera ser discípulo de cristo debe hacer caso omiso de sí mismo a tal grado de que Cristo efectivamente sea el “Señor” de su vida (Mateo 16:24)
3.2. Un discipulador
El discipular es un mandato de nuestro Señor Jesucristo. Es una de las órdenes más claras y específicas que nos da la Biblia.
La tarea fundamental del misionero, no solamente es evangelizar, su tarea primordial es que “las naciones se conviertan en verdaderos discípulos de Cristo” Mateo 28.18-20
Jesús no solamente les dio la descripción de la tarea, sino que les confió su autoridad para hacerla manifiesta a toda nación.
La orden es de “ir a todas las naciones” llevando el mensaje de Cristo, sin restricciones étnicas, lingüísticas o culturales.
Esta es una misión que solo los discípulos son capaces de realizar. Los aficionados y admiradores de Cristo, no pueden.
Así como los primeros discípulos, al hacer discípulos, tenemos que instruirlos en “la persona, obra y palabras de nuestro Maestro”.
Solo un verdadero discípulo puede lograr otro verdadero discípulo de Cristo por medio de su vida y en el sometimiento al Señor.
El mandato permanece vigente en nuestra época.
En tanto que la población mundial crece a cada minuto, en un planeta en que hay muchos pueblos que ni siquiera han tenido una oportunidad de escuchar el mensaje de redención.
¿Qué vamos a hacer?