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El desafío de administrar correctamente el avivamiento
Por Brad Walz | Publicado  22/03/2005 | Recursos Misioneros | Calificado:
Brad Walz


Desde su llegada al país en 1989, Brad Walz, junto a su esposa, no ha cesado de trabajar en dar forma y empuje a la obra misionera argentina. Si bien no estuvo en la dirección desde su fundación, siempre tuvo participación efectiva en el Departamento Nacional de Misiones, siendo desde 1994 su presidente.

Su extensa trayectoria – que incluye la visita a casi 90 países – e invalorable aporte a la obra misionera le han otorgado autoridad más allá de los límites argentinos, recibiendo continuas invitaciones desde otros países.

Entre otras organizaciones, preside Misiones en Conjunto, una red informal de Departamentos de Misiones en Latinoamérica. 

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El desafío de administrar correctamente el avivamiento

Pero aparte de comprender la magnitud de lo que estamos buscando, el mayor desafío es entender cómo aprovecharlo, o,  más exactamente, cómo administrarlo correctamente. Es posible también que experimentemos un gran avivamiento, pero, obnubilados por las manifestaciones, nos distraigamos en cuanto al propósito del mismo.

 

A continuación, reflexionemos un poco sobre este tema.

 

Esdras y Nehemías: Una lección de avivamiento.

 

Esdras es un ejemplo bíblico de un avivamiento. El pueblo de Israel estaba decaído. Avivamiento implica revivir…Surgir de nuevo. Significa que las cosas no estaban bien antes del avivamiento. Realmente, en lugar de pedir a Dios un avivamiento…lo mejor sería preocuparnos por mantener con Él una relación tan viva que no fuese necesario entonces el avivamiento… Pero sabiendo que somos carne y decaemos en nuestro estado espiritual, a veces necesitamos un despertar en nuestra relación con Dios.

 

Ahora bien, según estos ejemplos bíblicos, ¿Cuál eran los “ingredientes” de este avivamiento?

 

Humillación.

 

“Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan. Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio” (Esdras 8:21-23).

 

“Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén!, alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra” (Nehemías 8:6).

 

Ayuno y oración.

 

“Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros (…). Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio” (Esdras 8:21-23).

 

Profundo arrepentimiento.

 

“y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo. Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día. Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre. Porque siervos somos; mas en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén. Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos, que prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro extremo con su inmundicia. Ahora, pues, no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis jamás su paz ni su prosperidad; para que seáis fuertes y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre. Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este, ¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape? Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto. Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente” (Esdras 9:6 - 10:1).

 

Enfoque sobre la Palabra.

 

“Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. 4 Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5 Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento”. (Nehemías 8:3-5).

 

Ofrendas y generosidad.

 

“que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades; y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibiesen el diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro. Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios”. (Esdras 10:37-39).

 

Santidad.

 

“A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes.

Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento, se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor. Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomaríamos sus hijas para nuestros hijos.  Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día de reposo, nada tomaríamos de ellos en ese día ni en otro día santificado; y que el año séptimo dejaríamos descansar la tierra, y remitiríamos toda deuda. Nos impusimos además por ley, el cargo de contribuir cada año con la tercera parte de un siclo para la obra de la casa de nuestro Dios” (Nehemías 9:38, 10:28-32).

 

Gozo y celebración.

 

“Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. (…)Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande” (Nehemías 8:10-12,17).

 

Comparaciones con Argentina.

 

Argentina ha sido identificada con un gran avivamiento. Es indudable que hubo un notable cambio en 1984, y asimismo que hubo un gran crecimiento en la obra a nivel nacional. Surgieron muchas iglesias nuevas y hubo gran cantidad de conversiones.

 

Nos preguntamos… ¿cómo se reflejaron los siete componentes de avivamiento citados antes en el avivamiento de 1984, y luego, el de 1992?

 

Humillación.

 

No hay duda que la humillación de lo sucedido en Malvinas preparó a la Argentina para experimentar el avivamiento de 1984. Dudo que haya habido, en cambio, una fuerte humillación en el mover del 1992. Lejos de eso, en la actualidad, percibo cierto orgullo en cuanto al avivamiento de Argentina, omitiendo la verdad de que vino por la misericordia de Dios y el quebrantamiento, y no por algo que hayamos hecho.

 

Ayuno y oración.

 

Hubo un fuerte enfoque en esto en los dos avivamientos, en 1984 y 1992. Actualmente se ha apagado un poco el enfoque sobre esta área.

 

Arrepentimiento.

 

En mi parecer no hubo un fuerte arrepentimiento en ninguno de los dos casos; sí es verdad que muchos individuos se entregaron a Cristo, pero el profundo arrepentimiento de que se nos cuenta en Esdras y Nehemías estuvo presente, pienso, en ninguno de estos avivamientos argentinos, y aún menos en la actualidad. Ni siquiera con los grandes problemas y crisis del 2002 pudimos ver esta actitud en el pueblo de Dios.

 

Enfoque en la Palabra.

 

Hubo cierto enfoque sobre la Palabra en 1984, y un poco menos en 1992 (Muchas veces se dejaba de lado la predicación, priorizando las manifestaciones y las experiencias). Hoy en día las iglesias predican y enseñan la palabra. Pero… ¿hay hambre de la Palabra en el pueblo de Dios?

 

Ofrendas.

 

No creo que haya una madurez fuerte y clara en el ámbito de las ofrendas y aun los diezmos. Al pueblo de Dios le falta mucho qué aprender sobre la generosidad constante, profunda, independiente de emociones o circunstancias.

 

Santidad.

 

No podría opinar sobre el enfoque de santidad de 1984, pero en la actualidad, muchos líderes reconocen un gran problema y crisis de santidad en la Iglesia, y aun entre el mismo liderazgo.

 

Gozo y celebración.

 

No hay duda que todo lo vivido tanto en 1984 como en 1992 derivó en un marcado gozo y celebración, en un ambiente de alabanza y adoración. Podemos decir que ésta área no constituye una debilidad en Argentina, aun en los días de hoy.

Sin embargo, vale la pena enfatizar que éste era sólo uno de siete componentes vistos en Esdras y Nehemías. Ningún avivamiento puede sustentarse sólo en emociones, gozo, celebración, adoración o alabanza. Es un componente muy importante, sí, pero tiene que ser acompañado por los otros aspectos del avivamiento.

 

Una reflexión actual.

 

Hace pocos años escribí una nota titulada “Razones del Bajo Crecimiento de la Iglesia Argentina en los Últimos Años”, sobre la que a continuación me baso para continuar este tema.

 

Argentina ha cambiado. Es decir: debemos encontrar nuevos métodos.

 

Es interesante que de las cinco razones, ésta es la única que no depende solamente de la Iglesia. Las demás, sí.

 

En 1984, Argentina no contaba con ningún shopping. No había teléfonos celulares. No había McDonalds. No había nuevos cines. En 2000, en cambio, Argentina tenía más de 200 shoppings en todo el país. Hay más de 150 McDonalds. Cuenta con más de 7.000.000 de teléfonos celulares (mayor cifra de América Latina, un porcentaje próximo a los de España y Canadá; algo sorprendente, considerando que hace 10 años muchos ni siquiera tenían teléfono en la casa). Tiene cientos de cines nuevos. Hace 10 años una computadora era un lujo. Hoy en día, tener computadora no es algo raro. Argentina, diga lo que diga, en pocos años se ha transformado en un país “moderno”.

 

Argentina no es el mismo país de 1984. La gente es más sofisticada, más exigente, y no tan abierta a cambios como aquel tiempo de la nueva democracia, las revelaciones de la guerra sucia, la derrota de las Malvinas, y los problemas económicos  (Sí hay problemas económicos hoy, pero nada que ver con aquel tiempo, porque, a pesar de todo, por los datos de automóviles, celulares, etc., hay cierta prosperidad pese a los problemas económicos actuales).

 

La gente tiene un nivel de vida superior al de 1984. Entonces, 80.000 personas no van a llenar un campo para escuchar a Anacondia, como sí lo hicieron en 1984. Lo que funcionó en 1984, no funciona en 2000. La Iglesia tiene que encontrar nuevas formas para evangelizar y crecer; algunos lo están intentando, otros no. Aparte, un obstáculo es no darnos cuenta de estos cambios, sino seguir viviendo en el pasado. El pasado, pasado. Hay que encontrar nuevas estrategias para un nuevo tiempo. Aparte, la iglesia tiene que ser más exigente con sí misma, y prepararse más, pues la clase media no tolerará a una Iglesia con una mentalidad anticuada. Tenemos que enseñar a los jovenes a desarrollar una mentalidad con proyección a largo plazo, y a procurar una buena preparación.

 

Dejaron de fundar iglesias.

 

En 1984 con tanto crecimiento repentino, la iglesia no pudo enfrentar la cosecha. No hubo edificios, ni obreros suficientes para aprovechar la cosecha. Entonces muchos pastores tomaban a un obrero con apenas un año de creyente, y le decían: “Sos mi obrero más maduro… Andá y te respaldaremos para fundar una iglesia a 20 kilómetros de aquí”. Es decir, hubo fundación de iglesias por todos lados.

 

La mayoría de las iglesias más grandes del país fueron fundadas entre 1984 y 1990, muchas de ellas por la ayuda de misioneros de Estados Unidos, quienes estuvieron presentes en un momento adecuado. Podría estimar que se fundaron más de 10.000 iglesias en diez años, dado que hoy hay entre 12.000 y 14.000 iglesias, y debía haber la décima parte de éstas en 1984. ¿No es interesante que el número de iglesias y cantidad de creyentes haya crecido en forma bastante paralela? Es decir, en 1984 había más o menos 150.000 creyentes, y hoy en día hay más de 1.500.000. Un crecimiento del 1.000 % (DAWN hizo estadísticas más realistas y bajó la cifra que se daba de 3.000.000 a 1.500.000 en 1998-1999). Y podríamos decir que más o menos la iglesia creció en creyentes con el ritmo de las nuevas iglesias.

 

Hoy en día es al revés. Aun la iglesias grandes, quienes más capacidad tendrían para fundar nuevas obras, no quieren hacerlo. Y las iglesias medianas y chicas dicen: “Si las grandes no pueden, nosotras tampoco podemos”.

 

En EE.UU., he observado por muchos años que hay pastores que no pueden pastorear más de 200-300 personas. Entonces hay que levantar nuevos obreros e iglesias para seguir creciendo.

 

Comparemos eso con un vaso. Si un vaso se llena, ya está, se llenó. Si seguimos llenando el vaso, esto no ayuda a nadie, pues el contenido del vaso se desborda, y solamente hace alboroto desparramando agua por todos lados. Con el avivamiento, no importa qué Dios haga, si no buscamos otro vaso para que pueda contener más agua, no vamos a poder aprovechar lo que Dios brinda.

 

Imagínese que en Argentina, con todo el mover que hay, hay en la UAD solamente 10 iglesias que cuentan con más de 1.000 personas. Entonces, en todo el país, debe haber menos de 150 iglesias, tal vez menos de cien, que cuenten con 1.000 personas. Si Dios derrama Su Espíritu sobre Argentina, y aun crecen estas 100 iglesias a un promedio de 2.000 miembros cada una, son solamente 100.000 nuevos creyentes. Es apenas un crecimiento de menos de 6.6 % (sobre la base de 1.500.000). Es decir, aun si todas las iglesias grandes se duplicaran en un año, la iglesia crecería solamente un 6 %, si las demás no creciesen juntamente. Y hay que tener en cuenta que muchas de las iglesias grandes, aparte de evangelizar, atraen a gente insatisfecha de otras iglesias. Entonces hablamos de que todo este crecimiento no se trata de un cien por ciento de nuevas vidas ganadas por el Cuerpo de Cristo en general.

 

Conozco una iglesia en Florida con 2.000 miembros. El pastor desafío a 200 personas de la iglesia para levantarse e irse con su bendición para fundar otra iglesia en la misma ciudad. La nueva iglesia comenzó con 200 personas. Y creció.

Ahora la nueva iglesia fundó otra, “regalándole” 50 miembros. Entonces ya la primera es abuela. Y Dios le dio por las 200 personas que sembró nuevas personas. Hay cambiar nuestra mentalidad de solamente querer llegar a tener 30.000. como cierta iglesia en otro país, y estar dispuestos a sembrar personas creyendo que Dios proveerá nuevas personas para tomar su lugar.

 

Temas de Integridad

 

Obviamente, en Argentina hay muchas iglesias con problemas de integridad. El modelo de pastor como líder máximo (estilo dictador) tiene muchas ventajas y beneficios.

 

También tiene sus peligros, pues nadie da equilibrio a las decisiones que pueda tomar. Abre la puerta para muchos abusos. Es interesante que en los últimos tiempos dos ministerios que Dios ha levantado en Argentina, el de Sergio Scataglini y el de Dante Gebel, enfoquen la integridad y la santidad. En otras palabras, hay problemas con la integridad y la santidad en la Iglesia argentina y, muchas veces, aun entre pastores.

 

Consideremos de nuevo la ilustración de un vaso. Supongamos que nuestro vaso tiene pérdidas en la base. Uno podría seguir derramando agua en el vaso, pero todo lo que entra se pierde, y el nivel del vaso no varía. Por el contrario, si deja de derramar un poco, el vaso se vaciará.

 

Dios puede seguir derramando Su presencia y poder sobre Argentina, pero sin integridad y santidad, se pierde lo que se recibe. Muchas iglesias están divididas por cuestiones de dinero, transparencia, etc. Sabemos que Argentina tiene mucha corrupción, y la cultura, hasta cierto punto, la acepta. La gente se enoja, pero siente que nada puede cambiar. La Iglesia tiene que asegurarse de que esté influyendo en la sociedad, y no al revés, que la sociedad nos esté influyendo a nosotros.

 

 

La mente y las manos

 

Un avivamiento puede cambiar el corazón, pero no es garantía de cambiar la mente. Romanos 12:1-2 habla de la transformación de la mente… por la Palabra. Muchas veces en el avivamiento no hemos tenido equilibrio para cambiar a la mente, y después las manos, es decir, el comportamiento. Hemos estado satisfechos con cambiar el corazón, es decir, tocar las emociones.

 

Entonces, el avivamiento debe ir así: corazón -  mente -  manos. Muchas veces se “colgó” en la garganta, si llegar a la mente. En Argentina el inconverso suele quejarse mucho. Dice: “Odio a mi país. Quiero irme de aquí. Somos pobres. No podemos”, etc., etc. Dice eso a veces (obviamente, no siempre), mientras está manejando un nuevo auto, con un celular en una mano, y yendo a cenar afuera en un restaurante. Después, uno escucha al creyente. Muchas veces, si hablar tan violentamente, dice más o menos la misma cosa. Es decir, no se distingue fácilmente la mente del creyente de la del no creyente. Y si no cambiamos nuestra mente, tampoco cambiaremos el comportamiento.

 

Creo que misiones ha participado bastante en ayudar a cambiar la mentalidad. Las personas que creen que Argentina puede enviar misioneros pueden pensar en posibilidades, no en limitaciones. Igualmente hace falta mucho para cambiar la mente del creyente.

 

El discipulado puede incluir grupos pequeños, etc., pero también debe enfrentar este principio: ¿Se lleva el avivamiento a la mente y a las manos? No es suficiente discipular a alguien para asistir a la iglesia con fidelidad. Tenemos que llevar el Evangelio a la mente. No hacerlo implica un obstáculo para el crecimiento, mientras que el hacerlo, constituye una clave para el crecimiento.

 

El principio de los talentos.

 

Obviamente los que me conocen van a bromear y a decir: “Brad no puede escribir sin que algunas de las razones estén relacionadas con misiones”. Están en lo cierto. Pero es la misma Palabra la que brinda esta razón.

 

El principio de los talentos es muy fuerte. Dios (el señor de la historia) se enojó con la persona que sepultó su talento bajo tierra. Las palabras son muy fuertes: “Siervo malo y negligente… Quitadle, pues, el talento al siervo inútil”. Dios no se enojó con él porque no produjo 5 talentos, sino se enojó porque no fue fiel con lo que Dios le dio.

 

A Argentina le ha sido dado muchos talentos: estabilidad, avivamiento, favor del mundo, recursos, etc. Pero en todo eso no hemos sido fieles, y no hemos obedecido el llamado de Dios, pues Dios está llamando a Argentina a las naciones con un propósito. Nuestra ofrenda misionera es de un promedio de 5 centavos por mes por persona. ¿Es ser fiel invertir más en un caramelo que en el mundo?

 

Estuve en un país musulmán en 1999, y ellos tienen 1.000 creyentes en 6 iglesias. Es un país de 4.000.000. Uno podría sentir lástima por ellos, y decir: “Pobrecitos”. Y tendremos razón. Pero ellos no lo miran así. “Mire lo que tenemos. Hay países musulmanes que no tienen ni 100 creyentes entre 100 millones de personas. Mire lo que Dios nos dio”. Y… ¿saben qué hicieron? Formaron su departamento de misiones, están dando ofrendas , están enviando personas por corto plazo a otros países musulmanes, y quieren pronto a alguien para fundar una iglesia en otro país.

 

Por un lado, me sentí muy contento con esto. Luego sentí mucha vergüenza. Me quebranté por Argentina. No tenemos 1.000 creyentes; tenemos más de un millón. Este país, con tan poco, ¡quiere hacer tanto! Y nosotros… con tanto, queremos hacer tan poco… Que Dios nos perdone. Si Ud. fuera Dios, y viera que después de 15 años de avivamiento la Iglesia argentina todavía resistiese muchísimo el tema de misiones, ¿qué haría? ¿Le diría: “¡Les quiero dar más avivamiento!”?, ¿o diría: “Quitadle el avivamiento y dadle a aquel que tiene cinco talentos” (es decir, al que ha sido fiel)? Yo creo que ésta es una de las razones más fuertes. Si no somos fieles con lo que Dios nos ha dado, ¿por qué pensamos que Él deba darnos más? No ser fieles con los talentos que Dios nos ha dado será un obstáculo al crecimiento, así como ser fiel con lo que Dios nos ha dado, será una clave para el crecimiento.

 

El desafío de administrar correctamente el avivamiento

 

No es suficiente buscar o querer el avivamiento. Hay que administrarlo correctamente, ¿o acaso qué propósito hay en esa búsqueda? Es decir, si hay fiestas y hermosos cultos, pero no crecimiento, o integridad, ¿vale la pena el avivamiento?

 

Algunos principios importantes:

 

No procurar el avivamiento por el solo hecho de tenerlo.

 

Debe haber un propósito al buscar un avivamiento. Si este propósito es esencialmente egoísta (Ej.: Para hacer crecer mi iglesia, y así tener yo un mejor sueldo), no tiene sentido, y va en contra del espíritu de la Palabra.

 

El avivamiento debe ser más que emociones.

 

Es de esperar que el avivamiento siempre suscite una respuesta emocional. Pero tiene que ser más profunda que ellos,  para que de él quede un fruto concreto, un cambio permanente, y respuestas independientes de lo emocional.

 

Sin un avivamiento completo, es posible que la Iglesia tenga una apariencia de avivamiento (emociones exaltadas, mucha gente, cultos alegres, etc.) sin una base sólida de integridad, crecimiento, etc.

 

Conclusión:

 

Escucho a pastores opinar que aun el avivamiento de 1984 no fue tal. No estoy de acuerdo. Pero sí es conveniente  preguntarnos… ¿cuál es nuestra motivación al buscar un avivamiento? ¿Crecimiento en pro de una ambición personal? ¿O un profundo cambio en la iglesia para que ésta a su vez cause un profundo cambio en la sociedad? No podemos vivir de las memorias de lo sucedido en 1984 y 1992, ni debemos limitarnos a un intento de mera repetición. Necesitamos algo nuevo. Algo más profundo. Algo que nos ayude a administrar correctamente un avivamiento que cambie no solamente a la iglesia, sino a la Argentina.

 

Aliento a aquellos pastores que ya están cumpliendo en sí mismos y en sus iglesias los principios de Esdras y Nehemías… porque el avivamiento nace en el altar personal…

 

Y oremos al Señor que día a día podamos muchos más despertar a la necesidad de una búsqueda despojada de egoísmo y orgullo, para que sólo por Su misericordia toda la Iglesia sea avivada, y al sociedad transformada

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