
Compartiremos tres características claves que harán de su corazón, "un corazón para las naciones"
La Palabra nos desafía una y otra vez a dirigir nuestra visión y nuestros sueños hacia los vastos campos listos para la cosecha. La visión de Cristo siempre fue el mundo, las naciones (Marcos 16:15) y su mirada estaba puesta en los campos listos para la siega (Juan 4).
La Biblia nos enseña que en final de los tiempos el evangelio será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Pensar en naciones puede parecer presuntuoso para algunos, sin embargo sabemos que sin una percepción sana de la voluntad de Dios, estaríamos ignorando el tiempo tan importante que nos toca vivir como Iglesia.
Algunos desearían vivir en la edad apostólica, donde la igelsia tomó gran impulso y poder en el Espíritu, sin embargo el tiempo en que hoy vivimos es el más emocionante de la historia. No podemos estar siempre recordando avivamientos de siglos pasados, hoy es el día de avivamiento. Dios está llamando a miles de cristianos en todo el mundo a tener un "corazón para las naciones", un corazón que sepa discernir la hora que está marcando el reloj de Dios. Sin embargo muchos cerramos el corazón por nuestra poca fe, pobres limitaciones o peor aún, por pecados que no queremos abandonar.
Quisiera compartir con Ud. algunas características claves que harán de su corazón, un corazón para las naciones.
I. Un corazón para las naciones es un corazón que tiene hambre de Dios
Aquel que no se queda satisfecho con una vida "normal" cristiana, sino que está encendido en una pasión por más del Espíritu Santo. Una relación más profunda de intimidad con Él. Tener hambre por más de Dios forma en nuestras vidas un corazón sensible a Su voz. Quita nuestro egoísmo para permitirnos ver lo que Dios ve: las naciones. Hambre de Dios es la clave del avivamiento, y el avivamiento es la clave para alcanzar las naciones. Solo un corazón encendido puede encender a otros y así encender naciones.
II. Un corazón para las naciones es un corazón puro en todas sus motivaciones.
No un corazón que busca su propio interés y saciar su hambre de reconocimiento; Sino que con humildad acepta su absoluta dependencia de Dios en esta gran tarea. Un corazón sano, sin rencores ni odios, sino que con amor sincero a Dios y a los hombres su única motivación es honrar al Señor con su vida. No alguien que busque riquezas ni popularidad, ellos no se encuentran en la lista de Dios como candidatos a tener este corazón para las naciones.
III. Un corazón desarraigado de las cosas de este mundo.
Cuando perdamos de vista nuestra pequeñez, entonces podremos ver la grandeza de Dios. Muchos corazones de fieles cristianos están fuertemente arraigados a sus pequeñas posesiones y estas impiden tener una visión mundial porque su centro de atención y preocupación principal en la vida no es el servicio a Dios. He tenido el privilegio de despedir a muchas familias misioneras hacia sus campos de trabajo, llevando solo la visión y los sueños de Dios en sus valijas. Muchas veces, cuando regresaba a mi hogar, luego de despedirnos, me pregutaba acerca de la pasión tan grande que puede conducir a una persona a dejar su país, sus seres queridos y sus bienes para ser obedientes a la voz de Dios. Solo un corazón completamente desarraigado de las cosas de este mundo puede hacer posible un corazón para las naciones.
Quizás Dios no lo llamó a dejarlo todo y salir; pero sí estoy seguro de que Dios lo llamó a tener un corazón para las naciones. Busque al Señor en oración, interceda por nuestros hermosos misioneros que están en el frente de batalla... necesitamos de su corazón para las naciones.