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El Despertar Misionero de los ’90: Análisis y Proyección
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Brad Walz


Desde su llegada al país en 1989, Brad Walz, junto a su esposa, no ha cesado de trabajar en dar forma y empuje a la obra misionera argentina. Si bien no estuvo en la dirección desde su fundación, siempre tuvo participación efectiva en el Departamento Nacional de Misiones, siendo desde 1994 su presidente.

Su extensa trayectoria – que incluye la visita a casi 90 países – e invalorable aporte a la obra misionera le han otorgado autoridad más allá de los límites argentinos, recibiendo continuas invitaciones desde otros países.

Entre otras organizaciones, preside Misiones en Conjunto, una red informal de Departamentos de Misiones en Latinoamérica. 
 Brad Walz
 22/06/2005
 

Diez años atrás, la Iglesia Argentina pensaba que misiones era una provincia de Argentina. Un misionero era un norteamericano que vino de afuera para colaborar con la obra aquí.

 


El llamado misionero y su preparación

No hay duda de que es Dios y sólo Dios quien ha llamado y seguirá llamando a tantos, muchas veces jóvenes, pues tiene un plan para la futura cosecha. El llamado es divino; Jesús mismo nos dijo en Lucas 10:2 que oremos para que Dios envíe obreros. Por tanto, podemos concluir que el llamado divino es una respuesta a esta oración; Él llama personas a la obra misionera (y a la obra en general).

 

Sin embargo, a pesar de que el llamado es divino, requiere de nosotros una respuesta adecuada, o el llamado podrá llegar a ser frustrado. Vamos a introducirnos a este tema tan trascendente, observando primero los errores más comunes, y luego, cómo enfrentarlos correctamente.

 

A. Los errores más comunes en cuanto al llamado misionero:


1. Confundir carga y llamado.


Muchas hermanos confunden cargo con llamado. 


2. Equivocarse en cuanto al tiempo y forma.


Muchas veces, en su entusiasmo, se equivocan... no en el llamado, sino en el tiempo de Dios y la forma de Dios para cumplirlo.


3. Tener expectativas no realistas


Muchas veces por su entusiasmo por el llamado, el futuro misionero tiene expectativas no realistas, un “romanticismo”, seguido de desilusión, al enfrentarse con la realidad.


4. Confiarse en el solo hecho de tener el llamado, sin preocuparse por una correcta preparación.


Muchas veces se espiritualiza tanto el llamado, que se llega a relegar la importancia de una buena preparación; pero, por lo contrario, por causa del llamado, debemos seguir pasos claros en pro de prepararnos.


5. Inferir que nuestro llamado garantiza la provisión divina.

 

Podemos actuar ignorantes de que la realidad de que la iglesia debe comprender su llamado para enviarnos; es tarea del llamado contagiar la pasión por las misiones a los demás a través de un compromiso concreto de apoyar la obra misionera a través del sostén espiritual y económico.

 

B. Respuestas a los errores en cuanto al llamado


1. Los requisitos básicos para un candidato a misionero (respuesta a: “Confundir carga y llamado”).

Como mencionamos en el punto uno, muchas veces se confunde un llamado con una carga. Dios quiere que todos tengan la carga.

 

Pero tener carga no implica un llamado. No debemos sentirnos presionados por la carga a ir. Debemos percibir si es carga o llamado. En parte podemos hacerlo sabiendo que Dios no llama sin equipar. Si Dios nos ha llamado, también nos va a dar las habilidades para responder. Dennis Lane, en su libro "Preparando los nuevos instrumentos de Dios", habla de 10 requisitos básicos para candidatos para misiones. Son los siguientes:


1.1. Un sentido de vocación y camino con Dios (llamado)


Más que una carga, es un llamado. Un llamado es una convicción personal de que Dios tiene un propósito con uno para el trabajo como misionero. La manera en que surge esta convicción varía de persona a persona. En algunos casos es algo que surge de repente, y en otros, lentamente, poco a poco. Como sea, es necesario tener una convicción fuerte, pues todo llamado experimentará momentos en que será necesario decir: "Sé que sé que sé que Dios me envió aquí". De no ser así, se puede generar amargura contra la iglesia o misión por habernos enviado.


Asimismo esta convicción fuerte tiene que ser confirmada por los demás. Dios nunca le dice algo a una sola persona. Siempre lo dice a varias. Además Dios, normalmente, no nos va a llamar a algo si no nos ha dado la habilidad para responder a la situación.


1.2. Madurez Espiritual.


Esto implica caminar con Dios produciendo el fruto del Espíritu. Un día uno le dijo a un misionero: Ustedes vienen acá pensando que son muy espirituales, y cuando se den cuenta que no lo son, pretenden
igualmente serlo". La madurez será probada en el campo, desde el principio, ante nuevas situaciones de vida, relaciones con otros, etc. No hay sustituto para la obra profunda del Espíritu Santo en la vida de una persona que pueda resultar en madurez.


1.3. Un corazón de siervo.


Jesús cumplió el papel de siervo. Muchas veces también el nuevo misionero debe ganar la confianza de la iglesia nacional sirviendo, sin ser un líder, solamente trabajando. El orgullo es opuesto al corazón
del siervo. No podemos pensar: "Ha llegado el Gran Misionero". Hemos llegado para servir.


1.4. Disciplina y control de uno mismo.


En el campo misionero muchas veces no va a haber un "jefe" para supervisar la actividad cada día, o cada hora. En un contexto donde el desgaste se produce ya por el solo hecho de vivir allí, tenemos que tener disciplina para manejar nuestro tiempo, administrar y lograr metas.


1.5. Carga para evangelizar.


No sirve de nada tener una amplia variedad de ministerios si no se involucran o complementan con el evangelismo. Tal vez no todos tengamos un ministerio de evangelistas, pero sí todos tenemos debemos tener carga por las almas.


1.6. Algo para compartir con otros.


La iglesia receptora, especialmente en lugares donde ya está establecida, y aun tal vez sea sólida, va a querer saber en qué puede contribuir el misionero. Tal vez sea algo que le hace falta a esa iglesia, o bien aquello en lo que el misionero puede marcar una diferencia, o hacer un aporte.


1.7. Experiencia en vida y ministerio.


La experiencia, tanto en la vida secular como en el ministerio, nos capacita para enfrentar los problemas de la iglesia. No podemos ir al lugar con meras ideas. Tenemos que aprender a enfrentar problemas y situaciones en nuestra cultura para poder enfrentar las adversidades en otra cultura.


1.8. Estabilidad emocional.


Uno de las cosas más importantes en la vida del misionero es la estabilidad emocional. Debe ser capaz de enfrentar con madurez las relaciones y situaciones. Debe ser seguro en su propia identidad cultural, para anexarse otra identidad. Debe tener esta estabilidad para enfrentar numerosos y drásticos cambios, y ayudar también a su familia a superarlos. Asimismo debe estar sano, libre de actitudes nocivas
(orgullo, inseguridad, celos) como así también de heridas que pudieran atarle o crear amargura contra alguien o algo.


1.9. Salud física.


El acostumbrarse a nuevas culturas y realidades requiere buena salud. Nuevas comidas, horarios, viajes en avión, estrés y tensión, etc., pueden afectarnos gravemente si no estamos en una condición física saludable, que incluya una dieta sana y cuidados del cuerpo.


1.10. Motivación para aprender el idioma.


Si alguien no puede aprender bien el idioma, su capacidad para cumplir su llamado se verá disminuida. Debemos estar, por un lado, motivados, y por otro, saber si tenemos la aptitud para hacerlo.


Apéndice del punto 1:


Ocho preguntas para contestarnos acerca de un candidato a misionero.


a. ¿Ha hecho esta persona algo significativo?


Si no demuestra la capacidad de iniciar algo (motivación) y asimismo llevarlo a cabo, probablemente su tendencia será la de no terminar aquello que emprende, y aun de abandonar su carrera
misionera. La perseverancia es una cualidad muy importante y se manifiesta en los logros personales y ministeriales.


b. ¿Ha emprendido algo nuevo?


Si no tiene iniciativa para enfrentar algo nuevo, ¿cómo va  a acostumbrarse a una nueva cultura y cómo será también capaz de fundar una iglesia en una cultura que le es ajena?  No va a adquirir esta habilidad de repente por el solo hecho de llegar al campo.


c. ¿Puede trabajar en equipo y/ o llevarse bien con los demás?


¿Sabe llevarse bien con los demás, o es más bien “llanero solitario”?


d. ¿Puede trabajar con personas diferentes a sí mismo?


No podemos evitar contacto y trabajo con personas que no piensan igual que nosotros. Sin embargo, ¿sabemos convivir con esas diferencias?


e. ¿Sabe escuchar?


Necesitamos saber escuchar, no solamente hablar; asimismo debemos mostrar paciencia, y criterio de tiempos; no se trata de llegar y predicar, sino también de dedicar tiempo al aprendizaje de la otra cultura.


f. ¿Es buscado por la gente?


¿Es líder respetado por los demás? Si la gente lo busca, significa que tiene algo para dar.


g. ¿Puede comunicarse con claridad?


Debe poder expresar sus pensamientos y ideas de manera comprensible.


h. ¿Sabe ser líder con su propia familia?


Si no sabe guiar a su familia, podrá ser líder de los demás?


Debemos tener exigencias para aceptar candidatos. Cada nuevo misionero trae con él su propia experiencia de vida y carácter espiritual. "Como gotas de agua se juntan para hacerse un río, también los misioneros como individuos se juntan para formar una agencia misionera y una misión. Cuanto más puro sea el agua, más puro será el río. Cuanto más espiritual y equilibrado sea cada misionero, más espiritual y equilibrada será la misión y la agencia misionera. Por tanto, no podemos omitir requisitos que preserven la vida y visión de la agencia misionera.


2. Los tiempos y la forma de Dios. (Respuesta a “Equivocarse en cuanto al tiempo y forma”)

He visto muchas veces, en mis años de experiencia, a personas equivocarse, no en cuanto a un llamado, sino en el tiempo y la forma para cumplirlo.

 

Veamos las siguientes reflexiones desde la Palabra:

 

Abraham: Uno de los más notables; no hay duda que Dios le dio un llamado divino. Y Abraham, con mucha paciencia, espero 24 de 25 años sin tratar de forzar lo que Dios quiso hacer. Pero poco antes de cumplir el tiempo de espera dado por Dios, se impacientó, y en parte provocado por la impaciencia de su esposa, se adelantó por un año a lo que Dios quería hacer.  Esperó 24 años…pero no esperó 25.

 

Y asimismo se equivocó en la forma. No cumplió el llamado en la forma que Dios tenía para él. Esto dio por resultado muchas heridas, emociones alteradas, relaciones afectadas, y, hasta los días de hoy, conflictos entre musulmanes y judíos. Todo por no esperar el tiempo y la forma de Dios.

 

Moisés: Moisés discernió un propósito de Dios para con su vida. Seguramente su mamá supo infundirle esta convicción. Pero se equivocó en la forma y el tiempo... y asesinó a una persona. Despues, por 40 años, convivió a tal punto con la memoria de su fracaso, que cuando SÍ fue el tiempo de Dios, y supo la forma... intentó resistirse y rechazarlo (Así muchas veces nuestros errores nos llevan luego a resistir el llamado y tiempo verdadero de Dios).

 

Pero así como hay ejemplos de personas que no esperaron el tiempo y la forma de Dios, también contamos con ejemplos de aquellos que sí supieron esperar.

 

José tuvo un sueño, pero esperó la forma y el tiempo de Dios, y Dios lo condujo a ser uno de los hombres más poderosos del mundo.

 

Nehemías, sintió una genuina carga, pero aguardó por el momento y la manera de Dios para llevarlo a cabo.

 

David fue llamado y ungido para ser Rey, pero no trató de forzar su destino: esperó el tiempo y la estrategia de Dios para llevarlo a cabo.

 

Uno de los errores más comunes, concluyendo, no es confundir un llamado, sino no saber discernir el tiempo y forma de Dios para cumplirlo.


3. Tener expectativas realistas (Respuesta a “Tener expectativas no realistas”)

 

El llamado divino puede ser contaminado y correr serio peligro si está mezclado con el “romanticismo”. El sentimentalismo quita la realidad del llamado. Es decir, tener llamado no significa que uno no va a sufrir pruebas, dificultades, o luchas, en llevarlo a cabo.  Madurez en el llamado significa tener expectativas realistas, y no espiritualizar el llamado. A continuación, enumeramos algunas luchas que enfrenta un misionero:

 

3.1. Extrañar a la familia:

La familia argentina es muy apegada, y uno no puede comprender lo duro que es criar chicos lejos de sus abuelos, no estar con la familia en fechas especiales, etc.

 

3.2. Choque cultural:

Hemos visto que los argentinos sufren el choque cultural igual que los demás.

 

3.3. Barreras del idioma:

Tenemos unos cuantos hermanos que están aprendiendo idiomas; algunos lo hacen con mucho éxito, pero a otros les cuesta un montón. Muchos misioneros no prestaron atención en la escuela siendo jóvenes, y después, cuando se ven ante el desafío de aprender la gramática de otro idioma, ni siquiera entienden la gramática del idioma propio; hemos visto que les cuesta mucho a la mayoría de los misioneros. Son pocos a los que les resulta relativamente fácil.

 

3.4. Dificultad en mantener una identidad oculta:

Hemos visto en países con restricciones para la evangelización la gran presión que siente el misionero al no poder revelar su propósito e identidad en ese país, para no ser echado.

 

3.5. Problemas con la visa y prejuicios:

En algunos países es una ventaja ser latino; pero en otros, es un problema, pues hay prejuicios contra los latinoamericanos, y resulta muy difícil conseguir visa, y otras tramitaciones.

 

3.6. Problemas con el sostén:

Dado a la inmadurez de la iglesia, muchas veces no se cumple con el misionero, y el misionero se encuentra con luchas grandes en su economía. En estos días he recibido tres cartas por problemas de esta índole, en tres días.

 

3.7. Crisis de guerra, salud, etc.:

A veces surgen crisis de guerra civil, o salud, o ataques del enemigo. Hubo tiempos en el pasado cuando mi esposa ni quería levantar el teléfono, por miedo de recibir más noticias de crisis de nuestros misioneros en lugares lejanos.

 

4. Pasos de preparación (Respuesta a “Confiarse en el solo hecho de tener el llamado, sin preocuparse por una correcta preparación”)

 

4.1. Hablar sobre el llamado con el pastor.

Es importante que el pastor conozca el llamado, como así también pedirle ideas para prepararse, para de estar manera tener el favor de él y de la iglesia. Es decir, que sea un proceso, y no algo repentino.

 

4.2.  Prepararse teológicamente.

El candidato a misionero debe prepararse a través de un instituto bíblico, no solamente para su capacitación, sino por la imagen que dará en otro país. Hay diferentes realidades en el mundo, y en otros países no van a respetar o recibir en la misma forma a un joven sin preparación que a uno con ella. Con todas las formas de preparación bíblica que hoy día existen, y que ofrecen sistemas flexibles de estudio, no hay excusa para no prepararse.

 

4.3.  Formar o ser parte de:

 

4.3.1.        Departamento de misiones local:

El candidato a misionero debe ser parte del departamento de misiones local, y de no tenerlo, es responsabilidad del mismo constituir uno, pues dicho departamento representará su plataforma de salida.

 

4.3.2.         Las reuniones distritales

El candidato debe relacionarse activamente con otros departamentos de misiones, para aprender de ellos, intercambiar ideas, y construir relaciones que después puedan ayudar en la búsqueda del apoyo propio. Difícilmente recibirá respaldo quien presente su candidatura sin haber sido conocido en las reuniones distritales y participado de las actividades misioneras de su zona.

 

4.4. Relacionarse con las autoridades o agencias misioneras.

No se debe esperar hasta que llegue el tiempo de salir para relacionarse con el departamento nacional de misiones, o aun una agencia misionera, en el caso que la denominación de uno no cuente con un departamento nacional. Lo correcto es presentarse ahora, para que ellos indiquen los pasos que hay que seguir para ser considerado como un futuro misionero. De esta manera, ellos verán que uno es una persona seria, que planifica su futuro, y no simplemente reacciona. Cuando alguien viene a nuestra oficina y dice: “Dios me dio un llamado hace cinco años, y aquí estoy” nos preguntamos por qué no nos habremos conocido antes. Entonces, no se debe esperar hasta el último instante para presentarse a las autoridades.

 

4.5. Estudiar un idioma, preferentemente inglés.

El inglés abre puertas en todos lados. Obviamente, es difícil para muchos llegar a tener un conocimiento íntegro estudiando aquí, pero, por lo menos, se puede forjar una base para luego estudiar tiempo completo en el país del llamado.

 

4.6. Estudiar sobre el país y la cultura.

Nunca será suficiente lo que podamos estudiar sobre la cultura a la cual queremos alcanzar con el Evangelio.

 

4.7. Dar con fidelidad.

No hay cosecha si no hay siembra. Hay que dar con generosidad y sacrificio.

 

4.8. Buscar en oración el CUÁNDO.

Aunque se puede estar seguro de que Dios llamó, muchos se confunden sobre el tiempo indicado por Dios. Hay que pedir a Dios sabiduría respecto de esto.

 

4.9. Hablar con otros misioneros veteranos para aprender de su experiencia.

Como comenté anteriormente, hablar con alguien que ya experimentó la vida en otra cultura permite tener una perspectiva realista de la obra misionera, y evitar errores que se cometerían por ignorancia.

 

4.10. Tener experiencia en la iglesia, o pastorear una iglesia.

No se puede hacer en otro país lo que no se ha hecho en el propio. La experiencia prepara, y otorga credibilidad.

 

El llamado es el comienzo de la obra misionera. Es Dios quien llama. Dios es la fuente de la obra misionera. Sin embargo, la Iglesia puede prepararse para que Dios llame a futuros obreros para la cosecha.


5. Sembrar correctamente (Respuesta a “Inferir que nuestro llamado garantiza la provisión divina”).


Si bien ya lo mencionamos brevemente en la parte anterior, vale la pena enfocar nuevamente la importancia de levantar misiones en la iglesia. Miremos algunos principios.


5.1. Principios del sostén económico misionero.


a. Si no sembramos no cosechamos.


b. Dios quiere usar a la iglesia para ser canal de provisión para la obra misionera, y, recíprocamente, a la obra misionera para ser canal de bendición para la iglesia.


c. Si no podemos motivar a personas en nuestra cultura para un cambio de mentalidad, ¿cómo podríamos inducir cambios en una cultura indiferente o inclusive hostil al Evangelio?


d. Si no podemos motivar a nuestra propia iglesia para responder apoyando a la obra misionera, ¿qué autoridad tendremos para pedir apoyo de los demás?


e. Dios normalmente no nos provee en forma sobrenatural (como Elías y los cuervos), sino que prefiere usar como canales a la iglesia o personas (como la viuda con Elías) de manera que la bendición involucre a todos. De la manera sobrenatural, los cuervos no fueron bendecidos.


f. Toda la iglesia tiene llamado para enviar. No podemos cumplir el llamado para ir sino el llamado para enviar.

g. Aunque animemos a la iglesia para apoyarnos, finalmente nuestra confianza tiene que estar arraigada en Dios, y no en las personas. Las personas nos pueden fallar, pero Dios nunca nos va a fallar.


5.2. Pasos para el sostén económico.


a. Primero, el misionero debe sembrar con ofrendas personales.


¿Cómo puede ser que personas con llamados no dan nada de su dinero para la obra misionera? Están desubicados o confundidos.


b. El futuro misionero no debe esperar para sembrar. El tiempo pasa rápido y no podemos perder tiempo.


c. El futuro misionero debe ganar la confianza de su pastor (si no es pastor) para levantar misiones en la iglesia. Y si es pastor, más responsabilidad recae sobre su cabeza para hacerlo bien.


d. El futuro misionero  debe levantar la visión misionera en la iglesia, con fruto tangible y respuestas prácticas, no sólo en mera teoría.


e. El futuro misionero debe trabajar así no solamente como un deber o por interés personal, sino con pasión. El egoísmo misionero existe y es tan perjudicial como el egoísmo general (“Solamente me interesa mi proyecto”).


f. El futuro misionero no debe trabajar solo: debe formar un equipo, pues en un futuro le tocará salir, y todo aquello que logró con tiempo y esfuerzo se derrumbará un equipo capaz de continuar la tarea.


g. El futuro misionero debe tener fruto en este trabajo antes de saber que es el tiempo de Dios para su llamado a ir. Si no hay fruto en el llamado para enviar, es una señal de Dios para esperar.

 

 

EN CONCLUSIÓN: ¿Cómo respondemos al llamado?


a. No pierdas un día más. Es lamentable ver los casos de personas que pierden años sin hacer nada práctico para preparar el camino para el llamado. No pierdas un día más. Ya no podrás recuperar el tiempo perdido. Pero no pierdas más tiempo para no lamentarlo en un futuro.


b. Muchas veces espiritualizamos el llamado y no hacemos cosas prácticas hoy para prepararnos. Si Dios le ha dado un llamado, y no solamente una carga, no pierda un día más para dar los pasos de su preparación y  levantar la visión misionera en su iglesia. Puede ser que falte aún para el tiempo de cumplir el llamado, pero sí tiene la responsabilidad de comenzar hoy y no esperar para mañana.


c. Si no es fiel hoy, Dios no va a darle más mañana.


d. Lo espiritual y lo práctico siempre deben ir de la mano en un equilibrio divino. No podemos lograr cambiar las personas solamente con métodos, ideas, y estructura; tiene que intervenir el Espíritu Santo. Tampoco podemos remitirnos a estar solamente orando y espiritualizando cada asunto.


e. Si a través de todo esto descubre que lo que Ud. tiene es carga, y no llamado, no se preocupe. La iglesia le necesita, para ayudar a enviar los que tienen el llamado para ir. Para cada llamado a ir, necesitamos varios que estén dispuestos a estar en la brecha aquí en Argentina, dándoles apoyo logístico.


Dios está llamando a muchos hoy en día. Sin su llamdo, no podemos hacer misiones. Pero muchas veces no sabemos cómo responder de manera adecuada. Que Dios nos ayude a responder correctamente a Su llamado divino…

 

Brad Walz


El Despertar Misionero de los ’90: Análisis y Proyección

Hacer la obra misionera era tal vez abrir un anexo cerquita de la iglesia. Hubo realmente una escasez de visión misionera.

 

1. Razones para la falta de visión misionera.

 

Hay que preguntarse cómo una iglesia podía estar tan herméticamente cerrada a algo que es tan obvio en la Palabra. Hubo varias razones.

 

1.1. No fue sembrada la visión por los misioneros norteamericanos.

 

Para los misioneros norteamericanos, el campo misionero era Argentina; Dios les había llamado. Ellos vieron la gran necesidad de Argentina, con razón, pero no tuvieron una mirada futura, sino sólo para aquel tiempo específico. Así no se dieron cuenta de que Dios era capaz de llamar a futuros obreros para el campo misionero. No enseñaron a los argentinos una visión misionera. En cierta forma, limitaron la visión de la iglesia a “Jerusalén y Judea”..., es decir, animaron con éxito a la Iglesia pensar en la primera parte de la Gran Comisión; pero, de alguna manera, pensaron que la otra parte de la Gran Comisión era limitada a Norteamérica. Eso fue un craso error por el que después tuvimos que enfrentar las consecuencias.

 

1.2. La iglesia tenía barreras de inferioridad y mentalidad de pobreza.

 

No se puede echar toda la culpa a los misioneros norteamericanos; los argentinos sabían leer; la Palabra es clara. Pero muchas veces barreras humanas nos quitan la claridad de la Palabra. Inferioridad y mentalidad de pobreza fueron cosas que dejó a la iglesia ciega respecto de su potencial y posibilidades.

 

1.3. Egoísmo.

 

Cada país se preocupa por sí mismo. Argentina no era la excepción. Es difícil tener una visión mundial si uno tiene una visión egoísta.

 

1.4. La obra era difícil.

 

Obviamente Argentina no tenía el crecimiento que se encontraba en otros países. Entonces Argentina menos aun se animaba pensar que podría ser capaz de enviar misioneros.

 

2. Reflexionando sobre el pasado.

 

Era muy difícil comenzar. Una cosa que me preocupa en la juventud de hoy es que no se dan cuenta de cuánto se ha logrado en 10 años. Los jóvenes de hoy en día, por ejemplo, de 20 años, tenían 9 años cuando comenzó a funcionar el DNM en 1989. No pueden apreciar totalmente lo que se ha logrado, pues no se dan cuenta de cómo era la situación anterior (Lo mismo sucedió con el avivamiento de 1984; los jóvenes no pueden apreciar la diferencia entre la iglesia de aquel tiempo y de hoy). Además, para ellos, ver misioneros puede ser algo normal ahora, y no perciben que era imposible pensar en eso hace 10 años. Entonces vale la pena reflexionar un poco sobre los comienzos, para apreciar lo que se ha logrado hoy.

 

¿Cuán duro fue aquel tiempo?

 

En 1989, el monto anual total de las ofrendas fue de $2.000 (Gracias a Dios, esto fue lo que cada día ingresó durante 1999).

 

En 1989 muchos jóvenes fueron tratados bastante mal por sus pastores e iglesias por hablar de misiones. Hay historias que podría contar que son muy tristes. Conozco de jóvenes cuya madurez no pudo enfrentar esta sorpresa, quienes se desanimaron al punto de volver al mundo. ¿Cómo pudo un pastor, un siervo de Dios, ser tan cerrado a algo que era tan claro en la Palabra? Muchos jóvenes que se preguntaron esto no pudieron resistir la situación, y volvieron al mundo con amargura.

 

En 1989, todo el mundo decía "No se puede". “Argentina no puede enviar misioneros”. Punto.

 

En 1989, de 1.000 iglesias en la UAD, creo que hubo cinco abiertas a pensar en dar y apoyar a misioneros. No estoy exagerando. Cinco. Si tomamos al país con la misma proporción, tal vez hoy pensemos en unas 50 iglesias bien comprometidas.

 

Espero que los nuevos misioneros aprecian el sacrificio y precio pagado por los primeros misioneros, líderes, y aun pastores que tenían la visión misionera, en contraposición con la corriente de sus colegas y consiervos.

 

3. Etapas en los cambios

 

No soy experto en etapas de la iglesia en general, pero sí puedo clarificar etapas y fechas históricas con mi fraternidad, la UAD, y

su Departamento Nacional de Misiones.

 

3.1. 1989-1991: sembrar, sembrar, sembrar, sembrar.

 

A veces, más que sembrar, era "pelear", pues tuvimos que pelear el hecho de que la visión era de Dios, y era alcanzable.

 

3.2. 1992: Primeros misioneros.

 

Salieron nuestros primeros misioneros, a España y Paraguay.

 

 

3.3. 1993-1994: Salir del mundo Hispano.

 

Con un viaje a Rusia en octubre de 1993, desafiamos la iglesia a pensar en el mundo no hispano. Así, en 1993 salieron misioneros para Cabo Verde y Rusia.

 

3.4. 1995-1996: Crecimiento en candidatos.

 

En 1995 dio inicio un gran crecimiento en candidatos, y en solamente dos años, casi duplicamos esa cantidad.

 

3.5. 1997: Rompimos el “No se puede”.

 

Diría que después de ver el fruto de misioneros pudiendo lograr su salida, la iglesia dejó de decir "No se puede".

 

3.6. 1998-1999: Los primeros veteranos.

 

Además de seguir creciendo con nuevos candidatos, los primeros veteranos comenzaron a retornar; sucedió en 1997, pero más todavía en 1998 y 1999. La iglesia fue cumpliendo otro ciclo: tener veteranos, no solamente candidatos.

 

4. Razones para los cambios

 

4.1. Visión de enviar

 

En el 1998, se hizo un censo de misiones en Argentina; descubrieron que en aquel momento, la UAD tenía más del 50% de los misioneros enviados desde Argentina. Me preguntaron los demás: “¿Cuál es el secreto de la UAD?". Les comenté "Se habla mucho acerca de ir, pero el Espíritu Santo ya hizo el llamado para ir en las vidas de muchos jóvenes. Lo que hace falta es que la iglesia comprenda su llamado para enviar”. Hemos hablado, peleado y enfatizado que la iglesia debe responder a su llamado de enviar a los misioneros que Dios ha llamado.

 

4.2. "No es lo que no tiene..."

 

En 1989 en una conferencia en Mar Del Plata Theodore Williams, de la India, dijo: "No es lo que no tiene, sino lo que hace con lo que tiene". Fue nuestra frase lema por muchos años, pues tuvimos que cambiar la mentalidad de la iglesia. Al enfocarse en lo que no tenía estaba despreciando su potencial y no haciendo lo que podía con lo que tenía.

 

4.3. Agencias y departamentos nacionales. 

 

En 1989 la tendencia era creer que una iglesia local puede y aun debe enviar a sus propios misioneros, algo muy bueno en la teoría, pero imposible en la práctica. De 12.000 iglesias en Argentina, hay menos de 100 que superan las 1.000 personas. Hay pocas iglesias que tienen la capacidad para enviar un misionero por sí mismas. Cuando surgieron departamentos nacionales y agencias misioneras, se presentaba otra opción de envío: colaborar entre varias iglesias para el envío de un misionero.

 

4.4. La estabilidad.

 

Aunque el gobierno argentino no es responsable por la obra de Dios, hay que reconocer que la estabilidad (al contrario de la inflación) hizo más alcanzable el apoyo estable de misioneros. Debemos creer que Dios levantó a Domingo Cavallo para que la iglesia pudiera cumplir su objetivo, y no solamente para el país y mundo secular.

 

4.5. El esfuerzo del misionero.

 

Obviamente, tantos misioneros respondiendo como candidatos, y haciendo giras para visitar iglesias y reunir sus fondos fueron una clave para hacer crecer la obra misionera. Una iglesia no va a dar a una oficina, pero si lo hará a una persona. La gente pudo conocer a los misioneros a través de las giras, estableciendo un contacto personal.

 

4.6. Siembra multifacética.

 

Sembramos la visión misionera en muchas formas: conferencias, giras nacionales (comenzando en 1995), cantatas en las conferencias nacionales de la UAD, revistas, afiches, cartas de misioneros, etc.

 

4.7. Dios llamó a una persona.

 

En el caso de mi fraternidad, la UAD, Dios me llamó en 1984 con una visión muy clara. En aquel tiempo, mis propios colegas me consideraban algo loco. Y cuando llegué a la Argentina en 1989, la iglesia también. Es decir, muchos decían "Un misionero debe venir para darnos plata y ayudarnos a comprar templos. ¿Y usted viene para decirnos que debemos dar?". No se comprendía para nada. Pero gracias a Dios, una persona hizo una diferencia.

 

Muchas veces pregunté al Espíritu Santo por qué llamó a tantos jóvenes, pero no hizo una obra en la iglesia y los pastores para comprender el llamado para enviar. Sin embargo, nunca me contesta, pues ya conozco la respuesta: al llamarme a mí, el sí estaba respondiendo a esta necesidad.

 

El Espíritu Santo hace ciertas cosas, pero deja un montón de cosas a Su iglesia. Lo llamamos discipulado, y por eso también tenemos la Palabra y enseñanza. Dios llamó a una persona para discipular a la UAD en esta área, y vimos un gran cambio por eso. No es mi intención engrandecerme, sino animarnos: Dios puede usar a una persona para hacer un cambio grande.

 

5. La situación actual

 

5.1. El cambio en estadísticas: Gracias a Dios, mientras que  en 1989 entraron solamente $2.000 en todo un año, en 1999 entró esta cifra diariamente, y hubo entradas de $814.000 anuales en nuestra fraternidad. No tengo cifras para los demás, pero calculo que hubo por lo menos $1.500.000 en ofrendas misioneras dadas por las iglesias en Argentina.

 

Mientras que en 1989 no había ningún misionero extranjero de mi fraternidad, hoy tenemos 125, oficialmente, y pronto serán 140.

Están presentes en más de 30 países, que pronto serán 35. En 1989 nadie se animaba a pensar en países que no fuesen hispanohablantes, pero hoy en día muchos de nuestros misioneros están en países donde no se habla castellano.

 

En 1989 no teníamos una comisión formal; hoy en día tenemos una comisión de 10 personas trabajando; no había ni oficina ni empleadas; hoy tenemos una oficina funcionando con 4 empleadas.

 

Son reflexiones de un cambio.

 

5.2. DNM: Uno de los más grandes departamentos de misiones en América y en el mundo entre las Asambleas de Dios.

 

Nos sorprendió enterarnos el año pasado de que Argentina tiene el departamento nacional de misiones más grande del mundo entre las Asambleas de Dios, después del de EE.UU. Superamos  por poco a Australia y a Canadá, no en cifras económicas, pero sí en cantidad de misioneros. ¡Qué grata sorpresa!

En muchos casos, países han tomado al DNM como un Departamento de Misiones modelo, por sus años de experiencia y resultados.

 

6. Desafíos para el Futuro.

 

6.1. Nos falta romper el “No se quiere”.

 

Suelo decir que en los 90 rompimos el “No se puede”. Antes, todo el mundo decía "No se puede". Hoy en día, los hechos muestran que sí se puede; nadie puede decir "No se puede", pues eso ya lo rompimos. Pero nos falta romper el “No se quiere”. Eso va a llevar más que 10 años, ¿no? 

 

6.2. Nos falta involucrar a muchas más iglesias.

 

Algunas estadísticas que reflejan el “No se quiere” (que es egoísmo, ¿no?).

 

En nuestra fraternidad:

 

·          Tenemos 50 iglesias de 1.000 (5 %) que andan muy bien, y dando según su potencial, o casi.

 

·          Tenemos 200 iglesias (20%) que participan sin regularidad, o bien sin relación con su potencial. Pero participan.

 

·          Tenemos 750 iglesias (75%) con las que "No pasa nada",  y no están participando en apoyar a misioneros.

 

·          Hay solamente 40 iglesias que dieron el promedio de $1 por persona por mes.

 

En el país:

 

·          ¡Hay solamente 100-150 iglesias de 12.000 (menos de 1%) que dan un promedio de $1 por persona por mes o más!

 

·          Más o menos 9.000 no participan en forma ninguna. 

 

·          Más o menos 2.500 participan en alguna forma, y solamente 500 andan bien en el tema (menos de 5%).

 

Obviamente, aunque hemos logrado mucho, es decir, rompimos el “No se puede”, falta mucho para romper el “No se quiere”.

 

6.3. Nos falta desarrollar una visión de eternidad.

 

Muchas veces, en lugar de tener una visión de eternidad, tenemos una visión de dos horas. La gente gasta más para ir al cine, o un partido de fútbol, o algo de diversión que dura menos de dos horas, que lo que invierten en la obra misionera. Es decir, nuestros gastos representan una visión de dos horas, no de eternidad.

 

Fernando Barría, de Neuquén, nos ayudó con la comparación del mate. Usando una base mínima, los cristianos argentinos gastan $250.000 por día en mate; en solamente seis días, gastan en mate lo que dan en un año para misiones. Es decir, nos importa más el mate que la eternidad.

 

No hay falta de dinero en Argentina para las misiones. Obviamente hay crisis económica; pero lo que falta es una visión de eternidad.

 

6.4. Nos falta que los pastores sientan la visión.

 

En muchas ocasiones, han sido los obreros laicos, y no los pastores, quienes han abrazado la visión misionera.

 

6.5. Nos falta que misiones sea algo natural y normal en la iglesia.

 

6.6. Nos falta que los jóvenes comprendan qué tienen que hacer cuando son llamados por Dios.

 

6.7. Nos falta que misiones sea parte de la visión general de la iglesia.

 

6.8. Nos falta que muchas iglesias suban las escalas; Misiones es una de estas seis cosas en su iglesia o vida:

 

7. Misiones: de un Problema a una Pasión

 

7.1. Un Problema

 

Para muchas iglesias y personas, misiones en un problema. Nos incomoda, dada nuestra falta de visión, interés, egoísmo, mentalidad de pobreza, o lo que sea. Pero pensar en misiones nos crea un problema y aun puede resultarnos chocante, pues no nos gusta enfrentar nuestra falta con Dios.

 

7.2. Un  proyecto

 

Para otros, misiones es un proyecto. Cuando viene alguien, podemos darle una ofrenda especial. Podemos responder de vez en cuando, pero nada fijo, ningún compromiso. Solamente respondemos a proyectos especiales o damos una ofrenda por única vez a alguien.

 

7.3. Un  programa

 

Para otros, misiones es un programa. Bueno… como hacemos tantas otras actividades, hacemos también misiones. Podemos tener un departamento de misiones, así como también tenemos jóvenes, o Misioneritas, etc., pero es sencillamente un programa de la iglesia.

 

7.4. Una prioridad

 

Para otros, misiones es una prioridad. Es decir, misiones es “el más importante” de los programas, el que tiene la prioridad. 

 

7.5. Un propósito

 

Para otros, misiones es parte de su propósito: Ganar las naciones.

 

7.6. Una pasión   

 

Para otros, misiones es una pasión: tenemos el corazón de Dios. Amamos las naciones porque Dios ama las naciones. Queremos alcanzarles porque Dios nos alcanzó con su único Hijo.

 

¿En qué nivel está usted? Puede ser que esté participando en forma mensual, pero que todavía se sitúe en el nivel uno, dos, o tres. Creo que de 1.000 iglesias de la UAD, hay muy pocas que estén en los niveles 4, 5, o 6.  Aclaramos, nuestro parámetro no es el dinero, sino la actitud, el corazón, y la visión, pues una iglesia puede dar cifras importantes (o una persona rica) y todavía ubicarse en el nivel uno.

 

Sin pretender infalibilidad, a continuación les comparto cifras estimativas de la Iglesia Argentina:

 

   Nivel:                    UAD                       Argentina

1.       Problema       750 iglesias                 9.400 iglesias

2.       Proyecto        100 iglesias                    200 iglesias

3.       Programa       100 iglesias                    200 iglesias

4.       Prioridad          35 iglesias                      70 iglesias

5.       Propósito        10  iglesias                      20 iglesias

6.       Pasión               5 iglesias                     10 iglesias

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Total:                1.000 iglesias                  10.000 iglesias

 

 

Conclusión:

 

Gracias a Dios, hemos logrado mucho en 10 años. La iglesia tiene mucha más conciencia de lo que tenía hace 10 años atrás. Pero nos falta un montón. Nos falta 90 millones de pesos para igualar lo que gastamos en mate. ¿No podríamos igualar el esfuerzo por  el mundo al esfuerzo por el mate? Nos falta visión, matar nuestro egoísmo, y realmente obedecer a Dios respondiendo a la Gran Comisión. Que Dios nos ayude en este tiempo, para que en 10 años podamos escribir cómo no solamente rompimos el “No Se Puede", sino que rompimos el “No Se Quiere". 

Brad Walz